CHOQUEQUIRAO

De acuerdo con Luis Guillermo Lumbreras, los pobladores ribereños del río Apurímac afirman que Choquequirao fue el lugar donde se refugiaron los últimos incas que salieron del Cusco después de la derrota de Manco Inca y resistieron durante 40 años a la invasión española. Al menos eso fue lo que le relataron al sabio italiano Antonio Raimondi, durante su recorrido por el territorio nacional a mediados del siglo XIX.
Algo parecido sucedió con el conde francés De Sartiges cuando llegó a Choquequirao en 1834. “En mis proyectos para hacer excavaciones y levantar planos, no había contado con una de las consecuencias forzosas del abandono del terreno durante siglos: la vegetación que invade todo. No sólo las calles, sino las casas y las mismas paredes estaban cubiertas de plantas trepadoras. Imposible dibujar el conjunto de la ciudad. Hicimos despejar la plaza y los edificios y mientras me ocupaba en dibujar las viejas casas de Choquequirao, mis asociados excavaban en la tierra por donde creían reconocer huellas de algún entierro. Cavaron a través de una de las falsas puertas de la gran muralla triunfal, detrás se hallaba la roca viva.”
Crónicas de la posconquista comparten, también, la idea de que esta inmensa ciudadela fue constituida como un centro ceremonial religioso dedicado al culto de Pachacútec, que formó parte de un conjunto de santuarios con Machu Picchu y Pisac.
Después del francés De Sartiges, fue Hiram Bingham quien llegó a esta ciudadela, igualmente a instancia de los pobladores del Apurímac. El propósito de Bingham fue encontrar “la ciudad perdida” de los incas, idea que lo llevó a descubrir Machu Picchu en 1911.
Tal hallazgo hizo que el explorador estadounidense deseche la probabilidad de que la misteriosa ciudad perdida fuera Choquequirao. Así, esta gran ciudadela continuó inmersa en el olvido.

Recuperación histórica

Recién a partir del decenio de 1960 se iniciaron los primeros trabajos de limpieza de la zona, y el gran impulso lo realizaron desde 1993 los expertos del Plan Copesco. Estas obras permitieron la recuperarción de este inmenso complejo de piedra con cientos de andenes, murallas, habitaciones y sistemas de riego.

La ciudadela se encuentra a más de tres mil m.s.n.m., en el distrito de Santa Teresa, provincia de La Convención, en Cusco (límite con Apurímac), y ocupa mil 810 hectáreas. Al igual que Machu Picchu, este complejo fue concebido en los pliegues de una meseta andina, lo que facilita una extraordinaria vista hacia la vertiente del río Blanco, el cañón del Apurímac y el nevado Salcantay.
La concepción urbano arquitectónica comprende templos al sol, a la tierra, una residencia real, depósitos, residencia para una población permanente de agricultores y productores de bienes y servicios, canales de riego, y fuentes rituales. Los trabajos de recuperación detectaron casi 30 grupos arqueológicos y restos del camino inca.

En 1986, el INC aprobó el proyecto de restauración que permitió la recuperación, consolidación y restauración de varios monumentos. Estos trabajos se ejecutaron desde mayo de 1993 hasta abril de este año.

De esta manera, se rescataron la plaza superior (Hanan), los depósitos (Qolqa), la plaza principal (Huaqaypata), la plaza inferior (Hurin), el sistema de andenes de cultivo inmediatos a la plaza principal (Chaqra Anden), la plataforma ceremonial (Ushno) y la vivienda de los sacerdotes en la parte baja de la colina.

En cada uno de estos monumentos se llevó adelante trabajos de consolidación, recomposición y restitución de muros y estructuras, previa la eliminación de maleza, arbustos y árboles que habían afectado sus elementos líticos.

“Choquequirao es un asentamiento disperso, y aparte de unos pocos recintos de piedra que aparecen en uno y otro lado de las laderas que rodean al sitio, nada impide pensar que en medio del bosque se escondan los cimientos o las simples huellas de viviendas donde habitaran gentes del común, en condiciones de campamento o como eventuales visitantes. En varios puntos hay obras de ingeniería hidráulica muy cuidadosa, expresada en una red de acequias y una extensa red de terrazas agrícolas dispersas en las laderas hasta casi llegar al lecho del río Apurímac”, refiere Luis Guillermo Lumbreras.

No cabe duda, entonces, que Choquequirao resulte ser obra de los incas y que, a diferencia de Machu Picchu, no fue edificado por Pachacútec, sino que fue obra atribuible a su sucesor, Túpac Inca Yupanqui. Y tal vez, incluso, pudiera ser posterior, de los tiempos de Huayna Cápac, que ya es el siglo XVI.

Para el historiador, esta ciudadela es un complejo incaico diferente de Pisac, Machu Picchu u Ollantaytambo. Si bien es cierto que cumplían funciones diferentes, es un hecho que responden a arquitectos distintos. Los gustos y las técnicas así lo demuestran.

Finalmente –advierte Lumbreras– debe mencionarse que Choquequirao da la sensación de haber sido un centro urbano inconcluso, parte de un gran proyecto que quedó inconcluso